María Schlegel tiene a cargo la caja de emergencias en Urdinarrain. Una obra diacónica de la Congregación Evangélica San Antonio que brinda equipamiento ortopédico, préstamos solidarios y sobre todo acompañamiento a familias que atraviesan situaciones de vulnerabilidad o convalecencia.

Un accidente grave o una cirugía pueden transformar de un día para otro la rutina familiar. Frente a la falta de recursos o los altos costos de los insumos médicos, la Caja de Emergencias de la Congregación Evangélica San Antonio (CESA) en Urdinarrain, Entre Ríos, ofrece una respuesta comunitaria: préstamos de dinero y más de un centenar de elementos ortopédicos en circulación constante que alivian la recuperación de decenas de personas.
El servicio nació en 1990 para dar respuesta a una situación de enfermedad de una familia de la congregación. Con el tiempo, la demanda creció y la congregación de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) organizó un banco de insumos que hoy trabaja en red con el Hospital Municipal y el PAMI.
«En este momento hay más de 100 elementos ortopédicos. La gente es responsable para devolverlos y cuidarlos», señala María Schlegel, quien integra la congregación desde hace 36 años y coordina este espacio diacónico desde hace una década.
Articulación con salud pública
María, transformó el alcance de la herramienta mediante la articulación con el sistema de salud público. Llevó folletos al hospital, a la sala de traumatología y al municipio para dar a conocer el servicio. Hoy los médicos y PAMI derivan a las familias directamente. La demanda varía con las estaciones: durante el ciclo lectivo predominan las lesiones deportivas en jóvenes; en los meses fríos, las cirugías de cadera y rodilla en personas mayores agotan el stock de andadores, inodoros portátiles y sillas de ruedas.
El servicio es abierto a toda la comunidad: se solicita un alquiler simbólico destinado exclusivamente al mantenimiento y reparación de los equipos.

Un espacio de contención y fe
Más allá de los préstamos, el valor del proyecto radica en el vínculo humano. En un pueblo pequeño, esta obra diacónica se convierte con frecuencia en un espacio de escucha para familias que atraviesan procesos de dolor o duelo. María conoce esos procesos muy bien: ella misma atravesó pérdidas y hoy acompaña la salud de su compañero de vida. «Uno sostiene esto desde la fe y la esperanza; es la fe la que nos da fuerzas para afrontar lo que nos tocó y lo que vendrá», comparte.
Ese intercambio deja huellas profundas en la comunidad. María recuerda el caso de una persona de la congregación de 70 años que debió permanecer inmóvil durante dos meses tras un accidente muy grave. Su nieta vino con su familia a solicitar una cama ortopédica: «Yo le pedí que él traiga la cama”, recuerda María. Tras una larga recuperación el hombre cumplió la promesa y fue en persona a devolverla junto a su hija. “Son cosas que dan mucha alegría y satisfacción“, cuenta: “Cada vez que nos encontramos nos abrazamos. Eso nos quedó marcado a los dos».
Para sostener el servicio en el tiempo, la congregación avanzó en la construcción de un depósito que permite resguardar y desinfectar los equipos en condiciones adecuadas.
Para reponer los elementos de mayor demanda, como andadores y sillas de ruedas, podés hacer tu donación a la Fundación Hora de Obrar.