Cuidar a quienes cuidan: el desafío de construir lazos frente a la fragmentación de las niñeces

Equipos diacónicos del Distrito Metropolitano de la IERP se reunieron en Baradero para abordar el impacto de las pantallas, el sobretrabajo y la precariedad en las infancias, compartiendo herramientas comunitarias de autocuidado, contención e inclusión.

Las infancias y juventudes atraviesan un escenario atravesado por el aislamiento, la sobreestimulación digital y la fragilidad de las tramas familiares. Frente a este diagnóstico, referentes comunitarios, pastoras, pastores y educadores del Distrito Metropolitano de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) se reunieron el 12 y 13 de septiembre en el Hogar Germán Frers en Baradero. 

Coorganizado entre la IERP, la Fundación Hora de Obrar y el Servicio Evangélico Diacónico (SEDI), el Encuentro de Diaconía del Distrito Metropolitano de la IERP 2026 tuvo como eje central desarrollar herramientas concretas de cuidado colectivo e interpelar las lógicas de indiferencia que afectan a las nuevas generaciones.

Lo que irrumpe en la mesa: la tecnologización y el desgaste

A lo largo de las jornadas de trabajo y dinámicas vivenciales, los grupos mapearon los factores que aíslan a chicos, chicas y jóvenes. La falta de espacios de diálogo, el aumento de la ludopatía y los consumos problemáticos mediáticos a través del celular, sumados a las extensas jornadas laborales de los adultos, emergen como barreras cotidianas que impiden el acompañamiento.

En los centros comunitarios y congregaciones locales se observa cómo el hacinamiento y la precariedad no siempre unen, sino que a menudo encapsulan a las personas en sus propios dispositivos. Frente a esto, la propuesta metodológica colocó el foco en el juego, la palabra compartida y la recuperación de espacios comunitarios desprovistos de competencia o exigencias de productividad.

Cuidar a quienes cuidan para evitar la sobrecarga

Un concepto atravesó todos los talleres: no es posible sostener a otros desde el desgaste o la sobreexigencia. Los equipos diacónicos reflexionaron sobre el impacto psíquico y emocional del trabajo en territorio (estrés, impotencia, ansiedad y cansancio acumulado).

Para responder a estas tensiones, el encuentro ofreció espacios prácticos centrados en:

  • Gestión de la ansiedad: Técnicas de respiración, pausado y regulación emocional aplicables en el trabajo diario.
  • Recreación y juego: Redescubrimiento del juego como un lenguaje sin fines productivos que permite reencontrarse con el prójimo sin verle como un rival.
  • Límites y rutinas de cuidado: Construcción de espacios de escucha entre pares, supervisión metodológica y fortalecimiento de los vínculos familiares y comunitarios para evitar el desborde profesional o voluntario.

Mensaje del Encuentro de Diaconía del Distrito Metropolitano de la IERP

A continuación, reproducimos de manera íntegra el mensaje final elaborado colectivamente por las comunidades participantes durante las jornadas de Baradero:

“No maltrates nunca mi fragilidad yo seré el abrazo que te alivia” (Pedro Guerra, Cuidame, 2014)

“En él estaba la vida y la vida era la luz de las personas”. (Juan 1,4)

“Tanta soledad, todos conectados”. (Participante del encuentro)

Estimadas hermanas,

Estimados hermanos,

El Espíritu de Dios aletea sobre el caos desde el origen de la creación. Este testimonio de fe sobrevivió hasta nuestros días. El caos que viven las comunidades diacónicas del distrito Metropolitano es la fragmentación de las familias y la rotez de las infancias, cuerpos vulnerados y vidas judicializadas. No es posible que las infancias estén sanas si las familias están rotas. Las infancias están anuladas conectadas a dispositivos expuestas a la ansiedad generada por un bombardeo de información sin control y violencia explícita. No sólo no se comparte la mesa sino que en muchos hogares no hay siquiera una mesa para compartir. La desigualdad genera violencia y se masacra a personas de los equipos por poner un límite y expresar públicamente la necesidad de cuidar de las infancias, adolescencias y juventudes.

La sociedad monológica está constituida por personas que no escuchan, condenan la discapacidad y niegan a los pueblos originarios. La soledad y la ausencia de tolerancia junto a la pérdida del sentido comunitario exponen a las infancias, adolescencias y juventudes a la ausencia de límites y problemáticas sociales graves como la ludopatía y el consumo problemático de sustancias, así como también en las personas adultas. Esta descomposición social se asemeja a cacharros rotos de arcilla que están remendados gracias a la construcción colectiva de los cuentos sonorizados, los juegos divertidos y el acompañamiento entre pares de infancias, juventudes y adolescencias, restituyendo una mirada adulta sobre quienes no se sienten cuidadas. 

Disfrutar juntos es una manera de cuidarnos entre personas adultas e infancias, adolescencias y juventudes. Juguemos, conectemos con ellas, y dejemos que fluya para ver qué nos pasa. El mundo adulto se enrola en el mandato social de encomendar a las infancias a buscar y a traer, pero no las acompaña en el camino. El pluriempleo con jornadas laborales cada vez más exigentes y tareas múltiples, las condiciones cada vez más complejas del transporte y las demandas permanentes de las escuelas e instituciones sobrecargan a las familias de demandas que las exceden completamente. 

El uso masivo del celular y el acceso gratuito a los entornos digitales se convirtió en un modo de abstracción de la realidad tanto para las infancias, adolescencias y juventudes como para las personas adultas. Los endeudamientos crónicos de las familias en los últimos años generó un desgaste mental y físico difícil de expresar, además de la culpa y la vergüenza que las consumen en silencio. Las infancias, adolescencias y juventudes se aíslan con miedo a hablar y contar lo que les pasa en sus propios hogares, sin encontrar espacio para el diálogo y ni personas adultas referentes en quienes encontrar cuidado. Esta vulnerabilización del entorno familiar primario las expone a enormes riesgos a través de los dispositivos sin regular, a propósito, porque cuidar no es negocio. 

El endeudamiento asfixiante de las familias está rompiendo la alegría por el peso material de la sobrevivencia y la angustia del rechazo en la sociedad de las personas neurodivergentes, de culturas e identidades diversas, adultas mayores, con discapacidad, vulneradas y empobrecidas, a la vez, enfrentadas entre sí por recursos insuficientes e inaccesibles. 

Durante el encuentro de diaconía, en las rondas, los talleres, los devocionales, los diagnósticos, las experiencias, repensamos nuestras prácticas diaconales en medio de un tejido familiar y social desgarrado, y en un contexto que penaliza la vulnerabilidad en vez de alojarla y sanarla. En estos encuentros de diaconía nos ofrecemos apoyo entre pares para acompañarnos, escucharnos, brindarnos cariño y tratarnos con afecto, revivir nuestra fe a través de la palabra, la oración, el canto, la comunión de la palabra y de la mesa.

Las comunidades diacónicas nos ofrecemos lugares seguros de escucha y acompañamiento, espacios de arte y de juego donde poder expresarnos y regularnos frente a tanta ansiedad y estrés. Nos proponemos aprender a decir que no y a no descuidar los vínculos familiares. Nos ofrecemos cuidarnos y cuidar a quienes cuidan con nosotras y nosotros a través del juego y de la escucha, del tiempo de calidad y de la intervención profesional, con amor y paciencia.

Dios entre tus manos, imploramos tu piedad, y decimos con el salmista: “No permitas que seamos avergonzadas y avergonzados” (Salmo 119,31). Damos con estas palabras testimonio de lo que vemos y oímos, compartimos nuestras prácticas de fe y alentamos a la esperanza porque defendemos la alegría de los espacios libres de violencia y la dignidad del cuidado de quienes cuidamos y a quienes amamos. 

Que nadie se quede solo, que nadie se quede atrás

Que vuelva el tiempo del juego, el abrazo al hogar

que la esperanza se haga cuerpo

que la justicia empiece acá

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