Herramientas para motivar la oración, la meditación y la diaconía personal y comunitaria.
Inspirado en la invitación bíblica del profeta Joel “Volved a mí con todo vuestro corazón” (Joel 2:12), la Cuaresma recuerda que la fe no se queda solo en las palabras, sino que se expresa en prácticas concretas de oración, ayuno y solidaridad con quienes más lo necesitan. El cuidado empieza con el cuidado de Dios de toda su creación.
“Las comunidades de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) entramos en un tiempo especial de reflexión, conversión y preparación para la Pascua. Es un camino espiritual que nos invita a volver al corazón del evangelio de Cristo, empatizar con la misericordia de Dios y dejarnos transformar por la compasión del Espíritu.”, explicó el pastor Jorge Weishein del equipo de Hora de Obrar: “En este tiempo, Cristo se entrega por entero a la transformación del pecado que confunde, divide y enfrenta al mundo. La cuaresma desafía a la fe.”
Volver al corazón y cuidar la creación
Con este espíritu el Movimiento Laudato Si’ diseño una serie de recursos para motivar la oración, la meditación y la diaconía personal y comunitaria:
- Reflexiones semanales que conectan la fe, la creación y la vida cotidiana.
- Recursos de oración para momentos personales o encuentros comunitarios.
- Propuestas de ayuno que invitan a una vida más simple y consciente.
- Acciones concretas para cuidar la creación y vivir la justicia ambiental.
- Materiales para compartir en comunidades, grupos o espacios de formación.
También se ofrece un video de meditación contemplativa que invita a sintonizar nuestro corazón con el latido de la creación y con el amor de Dios, ayudándonos a cultivar una espiritualidad que une la contemplación y el compromiso.
Un camino interior que transforma la vida
“La tradición cristiana enseña que la Cuaresma es, ante todo, un camino de retorno. En medio de un mundo que muchas veces vive con prisa, consumo y superficialidad, el Evangelio nos invita a detenernos y profundizar. Necesitamos dejar a un lado nuestros mandatos, aliviar nuestras cargas. Necesitamos mucho menos”, continuó Weishein.
Una imagen compartida por el Movimiento Laudato Si’ ayuda a comprender este camino: el guayacán, un árbol que florece en tiempos de sequía en el Corredor Seco de América Central. Su crecimiento es lento y paciente, pero sus raíces profundas le permiten florecer incluso cuando la tierra parece agotada.
Así también la Cuaresma llama a echar raíces en lo profundo, construir vínculos sanos con nuestro entorno, allí donde Dios está presente y donde nos invita a una transformación verdadera junto a otras personas, junto a otros seres, en comunión y en comunidad.
Oración, ayuno y solidaridad
Durante estos cuarenta días, la práctica cristiana propone tres caminos que se entrelazan:
- La oración, que nos conecta con Dios y nos permite escuchar su voz en medio de los clamores del mundo. Pongamos en oración los dolores de la naturaleza en la cual Dios nos ha llamado a la vida.
- El ayuno, que nos ayuda a soltar lo superfluo y recuperar una vida más sencilla y consciente. Meditemos sobre lo que realmente necesitamos antes de pasar por la caja. El dinero no puede comprar la satisfacción porque el deseo es infinito, pero el planeta no.
- La solidaridad, que recuerda que la fe siempre se vive en la diaconía; en comunidad y en compromiso con quienes sufren. Compartamos la misericordia que Dios tiene con nosotros asistiendo a otras personas.
Estas prácticas también nos abren a una conversión ecológica: aprender a escuchar los llamados de atención de la Tierra y el clamor de quienes sufren, y responder con acciones que nos cuiden y nos ayuden a convivir mejor entre todos los seres.
Caminar juntos hacia la Pascua
“La Cuaresma no es un camino individual ni una demostración externa de religiosidad”, reflexionó el pastor: “Es una oportunidad para reordenar la vida desde lo profundo, reconocer aquello que nos aleja de lo que da vida y volver a Dios con un corazón renovado.”
Dios invita a la convivencia en la gracia de ser “comunidad de fe”, esta es una invitación a recorrer este tiempo juntos, fortaleciendo la oración, el cuidado mutuo y el compromiso con toda la creación. La gracia de Dios ilumina lo que el mundo esconde para darle amor y dignidad.
“Tal vez la pregunta que puede acompañarnos en estos días sea sencilla pero profunda: ¿Qué es lo que aleja mi corazón de todo aquello que da vida? ¿Cómo me está invitando Dios a volver a poner nuestros corazones en sintonía?”, invitó Weishein.
Que este tiempo nos ayude a echar raíces más profundas en la fe, a vivir con mayor sencillez y a renovar nuestra esperanza, compartiendo lo que somos, hacemos y tenemos, para ser testimonios de la vida nueva que Dios promete para toda la creación.