El Encuentro de Diaconía distrital fue la ocasión para nombrar el trabajo diacónico cotidiano y pensarlo como una forma concreta de anunciar la vida abundante que promete el Evangelio.

Más de 35 personas de distintas congregaciones del Distrito Oeste se encontraron el 8 y 9 de agosto en Esperanza, Santa Fe. La jornada comenzó con un devocional a partir de Juan 10:10, el versículo donde Jesús anuncia que vino para que haya vida en abundancia, y que invitó a pensar comunidades capaces de mostrar ese don, donde cuidarse mutuamente hace posible que haya vida para todas las personas.
El diácono Rubén Mohr recorrió la historia de la diaconía en el Antiguo y Nuevo Testamento y en la vida de la Iglesia, mostrando que el servicio ocupó siempre un lugar central, tanto en la asistencia como en la educación.
Por su parte el pastor Mario González completó ese panorama con un repaso bíblico sobre el cuidado de las personas pobres, las viudas y quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, presente desde los comienzos del pueblo de Israel. De ese recorrido surgió una idea que atravesó toda la jornada, la certeza de que la diaconía, el servicio y la liturgia no pueden pensarse por separado.


Durante el almuerzo, las y los participantes celebraron un ágape a partir de una investigación de Susi Georg sobre esta práctica de las primeras comunidades cristianas. La celebración recuperó la partición del pan, la invocación, la lectura de un salmo y el cierre con la acción de gracias y la bendición, una liturgia sencilla, pensada para que cada comunidad pueda replicarla en su propio territorio.
Por la tarde, las congregaciones compartieron sus experiencias de servicio
- En Roldán, el roperito solidario funciona con una lógica de ida y vuelta, reciben donaciones y también las devuelven a la comunidad, junto con una biblioteca de préstamo gratuito y espacios de escucha para quienes están solos.
- En Vivamos con Fe Santo Domingo, las acciones incluyen Manos Solidarias, donde se conversa con las personas sobre sus necesidades y se realizan trabajos para responder a ellas; la iniciativa “Esta Navidad regalo una Nochebuena”; la colaboración con La Fazenda; la plantación de un olivo en la plaza con motivo de los 100 años de la comunidad y los estudios bíblicos en los hogares.
- La congregación de Felicia compartió el trabajo de las reuniones de mujeres, que reúnen alimentos para entregar a personas que los necesitan, además de una huerta orgánica sin agrotóxicos. La producción de la huerta también dio origen a nuevas iniciativas, como un roperito. Asimismo, la comunidad entrega un árbol autóctono a quienes realizan su confirmación.
- En Calamuchita, la Fundación Villa Champaquí acompaña a 70 residentes mayores gracias a un compromiso que nunca pierde de vista la dimensión humana de la tarea.
- En Rosario, el roperito recibe apoyo de Humboldt y se desarrollan distintas acciones de asistencia: entrega de unas 60 viandas a personas que tienen hambre, acompañadas de un momento de oración y escucha; un lavadero solidario para personas en situaciones difíciles; entrega de elementos de higiene y alimentos no perecederos, además de mantener abierto el templo como espacio de acogida. En total, estas iniciativas permitieron acompañar a 214 personas.
- En Humboldt destacaron experiencias como el roperito, que mantiene vínculos de colaboración con Rosario y ha realizado envíos a Misiones; la Casita Nazareth, antigua casa pastoral que actualmente ofrece espacios de huerta, recreación, música, cocina, reciclado y apoyo escolar a contraturno. Allí participan 22 niños y existe una lista de espera.
- También se presentaron Manos que apapachan, con trabajos y plantas cuya venta permite obtener recursos; la ecodiaconía vinculada al parque Inti Huasi; el espacio joven; la escuelita de reciclado; el área de autoayuda y escucha; el trabajo de la comisión de mujeres, que transforma ropa en mal estado en acolchados para vender o donar; el Café de Camaradería y el grupo de visitación, que acompaña a niños y personas mayores, entre otras iniciativas.
Pensar el servicio para seguir haciéndolo
Los textos trabajados durante la mañana volvieron por la tarde en dinámicas de reflexión que coordinó el diácono Martín Elsesser, coordinador del programa de diaconía comunitaria de Hora de Obrar.
El encuentro terminó reforzando la diaconía como una dimensión esencial de la vida cristiana. Cada roperito, cada vianda, cada tarde de escucha hace visible, acá y ahora, esa vida abundante que las comunidades del Distrito Oeste siguen construyendo junto a sus vecinas y vecinos.
Si en tu congregación o distrito quieren seguir pensando estas preguntas, el programa de diaconía comunitaria, Hora de Obrar acompaña estos procesos de la mano del diácono Martin Elsesser: martin.elsesser@horadeobrar.org.ar